domingo, 2 de marzo de 2008

Como en las películas

Acabo de terminar de ver "Tienes un e-mail" en TVE. Tele, sofá y mantita, una tarde de domingo cualquiera. La película de hoy la he visto un montón de veces, cosa bastante habitual teniendo en cuenta la (re)programación de las cadenas generalistas.
Y a pesar de saber de antemano qué va a ocurrir al final, siempre me encandilo con el romanticismo de este tipo de historias que, en la vida real, serían del todo imposibles pero que en la tele parecen tan sencillas.

Porque, vamos a ver, resulta que Tom (Hanks) es el mega empresario de una cadena de librerías tipo Fnac y Meg (Ryan) es la encantadora dueña de una pequeñísima librería con encanto en un barrio de Nueva York. El gran imperio se come a la pequeña empresa familiar. La chica tiene que cerrar la maravillosisisima tienda que heredó de su, más que idealizada, madre. Y comienza a odiar con profundidad y devoción al frió y calculador hombre que ha destruido su vida profesional. Paralelamente la pareja tiene una relación basada en la intelectualidad de las pequeñas cosas a través del mail. Ambos viven en pareja pero tienen esa "relación" cibernética que les hace ocultarse para poder mandar un mail. Algo que al espectador le parece adorable pero que, a mi modo de ver, aunque Tom y Meg sean la pareja ideal ¿tenemos que perdonarles que oculten sus sentimientos a sus respectivos? Claro, para que no se nos plantee esa duda los guionistas, muy hábiles, se encargan de perfilar las personalidades de las parejas como ególatras y narcisistas, irremediablemente descartadles en el mundo de la perfección romántica.

Entonces yo me planteo (para no perder la costumbre). Si mi pareja me dice que ha conocido a otra ¿la otra es Meg Ryan para mi pareja? ¿Es la otra la ideal y yo soy la personalidad perversa que el guionista quiere quitarse del medio sin remordimientos? Claro, supongo que depende del punto de vista. En la película de mi vida, mi pareja seria el malo, el que no ha sabido valorarme, y tiempo después, la coincidencia querría que me volviera a enamorar de mi Tom Hanks. Ese hombre seguro de sí mismo, que tiene un plan para conquistarme y que me regala margaritas. Por otro lado, en la película de la vida de mi pareja, quizá su Meg Ryan sería aquella chica por la que me dejó, y con la que estar definitivamente, con la que tener hijos y una vida familiar basada en la sinceridad, el respeto y la pasión. Podría ser. Pero ¿por qué si todos acabamos felices y comiendo perdices el camino siempre es duro y desgarrador? Pues porque si. Porque tiene que ser así. Porque hay que crecer, madurar y aprender a valorar lo que tuvimos para no cometer los mismos errores.

Pero vamos a cometerlos. Porque Tom y Meg sólo son actores. Porque la perfección no existe. Porque incluso las personas de cuya mente salió tal sarta de ñoñerías adictivas también han sufrido por amor. Todos lo hemos hecho. Todos buscamos la perfección fuera. Pero para qué exigir algo que no sabemos qué es. No lo conocemos y posiblemente nunca lo haremos. La imperfección es saludable, humana y primitiva. Es lo que somos.

2 comentarios:

Javi Chan dijo...

No te dejes caer en la estrategia de manipulación que ejerce El Imperio en connivencia con las cadenas generalistas que les sirven en bandeja sus "bases militares": las franjas de la parrilla en las que el espectador tiene la guardia baja, o sea, domingo a la hora de la siesta. En esos momentos, todo ser humano entra en una suerte de hipnosis emotivo-bajonera-leche-con-galletas... y El Imperio ataca con sus nocivos viruses de amores eternos, verdades absolutas y mundos enteros sin un sólo habitante que no tenga los ojos azules y el pelo recién cortadete.

Cuidado, Better... como dijo la enanica de Poltergeist: "Ya están aquíiii"

MEJOR QUE BIEN dijo...

Mr ta-ta-ta-Chan:

En este caso fue bajón-resacoso-magdalenas Bella Easo con chocolate.
Tienes razón. Es todo un complot de las altas esferas. Más altas incluso que las de don Benedicto. Pretenden crear una raza única de seres enamoradizos, enñoñados y siempre despistados. Para hacerse con el control de nuestros cuerpos nacidos para el pecado. jejejeje.

Tendré cuidado. Nunca se sabe por donde pueden atacarnos. Malditos sean.