miércoles, 20 de febrero de 2008

A veces pienso que no pienso

En los últimos meses he actuado por impulsos, por arrebatos. Evitaba sentir cargo de conciencia y pensar en las consecuencias. No es que me haya estado drogando ni nada de eso. No me he vuelto adicta a las pastillas, ni al alcohol, ni al sexo (ejem). Pero necesitaba dejar de controlarlo todo. Lo mejor era no tener que echar cuentas a nadie. Ni siquiera a mi misma. Hasta que caí de bruces contra mi realidad. Ha sido como si alguien me diera una patada en el culo y me dijera “Esther, espabila”

Me he pasado una temporada huyendo, desprendiéndome por el mundo, lo necesitaba y lo hice. Pero, claro, yo no soy así. Yo soy más de dar y recibir. De que me mimen, me arropen , me tengan en un pequeño pedestal. Yo soy de caricia y de beso. Soy de abrazo, de perder el tiempo en la palabra. Soy enamoradiza y distante. Soy de tintas enteras, no de medias.

Vivir el momento, ahora mismo, da vértigo, da miedo, da curiosidad y deseo. Pero lo mejor es que, no hace falta desgastar este momento, sólo mimarlo para que se convierta en tiempo.
En el tiempo suficiente para (re)construir una amistad.

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