viernes, 1 de febrero de 2008

Un delirio casi palpable

Una carretera, una madrugada, un abrazo y un....

A veces digo tantas tonterías.

Como que no me acuerdo. Como que fue algo que me parece no haber vivido nunca, algo lejano, borroso. Antes de ayer estaba convencida, ayer no y hoy menos. ¿Qué pasa? Ahora soy yo la que tiene miedo. La que se acerca y se aparta. La que tiene sus reservas con respecto a ti, a un juego incierto y peligroso.

Pero, ¡sorpresa!, quizá la vida da varias oportunidades. A lo mejor lo hace para que nos demos cuenta de que no vale con dejarse llevar, que hay que hacer mucho más. En este caso, un esfuerzo por dejarlo todo atrás. Empezar de cero, como si no me conocieras, como si nunca te hubiera visto antes.

-Hola, me llamo Esther y ¿tú?-

Quiero reírme todo el fin de semana de ti (pero contigo). Y que me digas "Qué mala eres" por primera vez, después de la última vez.
Y vuelvo a arriesgar. Porque el que no arriesga, no consigue. Y el que lo consigue sin arriesgar, no lo disfruta. Y el que no lo disfruta, puede olvidarse de tenerlo.

Hoy no estaba inspirada. Pensé en dejarlo para otro momento. Pero, en la cama, casi dormida, lo vi claro durante un segundo, luego se puso borroso y más tarde no recordé qué era. Mis pies pisaron el suelo frío y me trajeron hasta aquí. Y empecé a escribir.

Quizá no tenga sentido para nadie excepto para ti. Quizá no tenga sentido para ti, sólo para mi. pero, sea lo que sea, esta noche no dejaré que se desvanezca. Mañana lo pensaré mejor, cuando vea que, en realidad, que estuvieras ahí era parte de un delirio.

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