martes, 15 de enero de 2008

¿Qué pasa con los vecinos?

Me mudé al piso desde donde escribo este blog hará unos 8 meses. Para ser más exacta, el día de mi 24 cumpleaños, el 6 de mayo de 2007. Un día que marca un antes y un después en mi vida emocional, el día en el que me forzaron a abandonar una monotonía que añoro en contadas ocasiones. Ese día, sin saberlo, desperté a un nuevo mundo lleno de complejas relaciones amistoso-pasionales-sexuales que nunca llegaré a entender. Y ese mismo día descubrí a mis vecinos. Una pareja encadenada a las broncas y los polvos de reconciliación, cuya máxima es el escándalo. Desde aquella noche no he podido evitar montarme mi propia película sobre cómo deben ser ellos, los otros, los extraños que se gritan, se insultan y acaban llegando al orgasmo en cuestión minutos.

A mi me da que él es un tipo de estos de camisa azul y pantalón beige con ralla de plancha. Rizos engominados y nautics. Ni alto ni bajo, mofletudo y con ojos de experto economista que trabaja en el banco de papá. A ella me la imagino bajita, morena con el pelo largo, de voz chillona y muy emotiva. Usa la lágrima con facilidad. Pero tiene suficiente picardía como para provocar en él ese sentimiento de culpabilidad que le retiene en casa después de una gran bronca. Normalmente les escucho cuando me voy a dormir. Son bastante previsibles. Suelen pelearse y reconciliarse (siempre sexualmente hablando) los jueves y los sábados sobre las dos de la madrugada. Al principio creía que era una especie de venganza del destino. Yo, que había terminado una relación de forma tortuosa y me encontraba sola, además de tener que soportar la tensión del llanto de la morena bajita, tenía que oír los gritos de su placer sexual. ¡¡¡Madre mía!!! ¿Qué he hecho yo para merecer esto?

Ahora ya a penas les oigo, me he acostumbrado tanto a mi casa, a mi ambiente, a los ruidos de esta zona, que ya ni me despierto por la noche. Y cuando lo hago y les oigo, me cuesta nada y menos volver a dormirme. ¿Será que para mi, igual que para ellos, lo suyo se ha vuelto monótono?

4 comentarios:

Josep maria dijo...

Bona nit santboiana, He llegit el teu post i m’ha fet molta gracia. Una de dues o les baralles i les reconciliacions són monumentals o les parets del teu pis nou estan fetes amb paper de fumar.Jajajajaja

Gràcies pels punts extres que m’has donat.

Des de Sant Boi alguns santboians i santboianes et llegim. Ànims i endavant: Ferro Sant Boi.

Josep Maria (Finestres de Sant Boi)

MEJOR QUE BIEN dijo...

Ei santboià, gràcies pel coment!!
He de dir que tens raó, les pareds son de paper, si em concentro puc sentir com pixa el veí del costat. Però, és merit de les potents cordes vocals de la senyoreta "morena, pelo largo" que sembli que estàn "fent l'amor" (eufemisme de "fornicar") gairebé al meu llit.
És com sentir una peli porno a la ràdio, et perds la millor part...jajajaja

Vine per aquí quan vulguis!

el 22 dijo...

de la canción del genio porteño (Empanadas de vigilia):

"El barrio donde vivo es donde sea.
Mi vida se divide en tres piezas.
En una tengo dos de las tres cosas,
en otro rock & roll, en otra no me toca"

MADrid, que siempre es rojo y negro ostenta esa dudosa impersonalidad que, en ocasiones, deviene en introducción (involuntaria?) en la intimidad ajena.

Respecto de la reconciliacion en el lecho habría mucho que discutir. Pero es un antídoto cuyo principal ingrediente es el veneno (siendo más adictivo que reparador).

Sea buena.

Abrazos (y rosas)

MEJOR QUE BIEN dijo...

La introducción en la intimidad ajena nunca es involuntaria. Es verdad que, en este caso, fueron ellos los que se me aparecieron de repente, sin preguntar si me apetecia escuchar sus gritos -de odio y placer- Pero fui yo la que, deleitada por tan contradictorio y normalizado comportamiento humano, inventé una vida para aquellos dos desconocidos, y agudicé mi oido para perfeccionar su perfil. En eso fui deliberada...porque somos así, todos tenemos esa parte de "metomentodo". Todos, sin excepción, somos unos cotillas (en el sentido más sano de la expresión)