miércoles, 30 de enero de 2008

Perdonad, hoy estoy de vuelta....

Yo tengo un millón de defectos. Pero si uno destaca entre todos los demás es que soy fácilmente decepcionable. A pesar de que, en los últimos meses, he desarrollado una paciencia asombrosa (que me cuesta creer)sigue siendo fácil decepcionarme.

Lucho bastante contra ese aspecto de mi forma de ser porque, al final, la (única) que sufre soy yo. Pero creo que mi carácter está ya tan definido, tan curtido, que es como darse de cabezazos contra un muro.

En este sentido soy una persona bastante chapada a la antigua. Lo que quiere decir que la gente que me decepciona suelen ser personas con las que he compartido más de cuatro versos. Es decir, gente con la que congenio de algún modo, con la que creo tener puntos en común y, como no, con la que he podido compartir lo más de todo lo compartible.

Pero lo bueno es que "no decepcionarme" tampoco es tan complicado. Ya, ya sé que suena a contradicción (otro de mis "mejores defectos"). Cuando se me conoce bien, o medianamente bien, uno se da cuenta de que, en realidad, son pocos los valores que exijo en una persona (honestidad, transparencia y coherencia acto/palabra)

Como habréis comprobado, soy muy palabrera pero poco ejemplificadora. Por ello mis rezonamientos suelen quedar como algo abstracto dificilmente aplicable a la vida real. Yo también me he dado cuenta, así que, por una vez, voy a hacer una excepción y voy a poner ejemplos:

Lo que me decepciona es que las personas vayan a su interés. Entiendo que cada uno tiene su vida, sus preocupaciones y sus paranoias, pero si yo soy capaz de volcarme en esa persona y esa persona lo ha hecho conmigo en el pasado. ¿Porqué de golpe y porrazo, sin más dilaciones, y con el morro por delante, pasan de mi?

Es complicado responder a una pregunta tan subjetiva. Tampoco necesito que me respondan, ya que sería algo así como: "Mira Esther, eres genial, pero estoy super ocupado, tengo mil problemas y no puedo seguir tu ritmo". A lo que yo esbozaria una gran carcajada. Porque no hay mayor tiranía que: hablar constantemente de uno mismo y esconder tus caréncias trás los defectos de los demás.

Hay un poquito de mucha gente en este post. Y me alergo de que así sea, porque decepción a decepción, estoy empezando a quereme más a mi misma. Y estoy viendo que, en realidad, mis defectos también son virtudes y mis virtudes también son defectos. Sólo espero que las semillas buenas que pueda estar dejando en mi camino algún día florezcan y alguien se de cuenta de que valió la pena conocerme.

Ahora, tiro la moneda y cae por el lado del optimismo. Cambio el chip.

1 comentario:

La pilarica dijo...

Estimada Esther: creo que utilizas con demasiada ligereza el término "decepción". La decepción es un sentimiento devastador y si lo usas así es porque probablemente no la hayas conocido, de lo cual me alegro.Yo diría sin más que algo no responde a mis expectativas. Cosa que por otra parte, digo en pocas ocasiones y nunca referiéndome a personas. Porque con las personas nunca me creo ninguna. Las tomo como son con sus grandezas y sus miserias. Como somos todos.

Un abrazo y ser mas positiva, hombre!