domingo, 20 de enero de 2008

Las visitas

Hace un par de días leí en el blog de Javi Chan un post llamado "La insoportable levedad del contador de visitas". Además de que me menciona en él, cosa que me hizo realmente mucha gracia, trata de refilón un tema que me es de actualidad. Las visitas. Dice Javi Chan que a él no le gusta recibir visitas físicas (que no blogueras), cosa que entiendo perfectamente, aunque me atrevo a llevarle la contraria (siempre desde el cariño) y apuntar que, a veces, las visitas te dan más de lo que tú llegas a ofrecerles.
Para ejemplificar mi nueva teoría me baso en las dos visitas que he recibido esta última semana. La primera habitó durante unos días en mi salón y durmió en el colchón, nada cómodo por cierto, Rest for One de imitación. Le invité a mi humilde morada sin a penas conocerle y por hacerle un favor (a simple vista parece algo peligroso pero nada más lejos de la realidad, ahora no me voy a poner a daros los detalles pero digamos que era una persona de confianza). El tema es que, al contrario de lo que imaginaba, la convivencia fue incluso mejor que con alguna de mis amigas. Hubo una especie de sincronización inmediata en cuanto a las tareas del "hogar". La visita me preparaba el desayuno, había olvidado lo bien que sienta un cafetito caliente por la mañana. Fregaba los platos, me acompañaba a la compra y la organizábamos juntos. Y, encima, me regaló una plantica la mar de maja como agradecimiento a mi hospitalidad. A lo que yo pensé "¡si he estado como una reina, madre mía!"...
La segunda visita respondió a una invitación formal. Tuve el placer de cocinar para mi mejor amiga, Rosa, y su futuro marido, Dani. Era la primera vez que venían a cenar a casa y que probaban mi mano culinaria. En el menú entraba mi plato fuerte, la tortilla de patata. Y, la verdad es que me superé. Era mi primera visita oficial como mujer soltera (jajaja qué bien suena) y corroboré mi buen hacer en la faceta "no man" en la que me encuentro. La verdad es que con Dani y Rosa no cuesta nada ser anfitriona...
Mi conclusión es que hay visitas pesadas, que no te quitas de encima nunca, y otras muy agradables, como las de esta semana. La verdad es que yo echo en falta que me visite más gente. No soy muy de invitar, porque...digamos que soy así de rara. Pero vamos, que voy a hacer una excepción y os digo que estáis invitados a visitarme, que siempre habrá un bol de patatas fritas y una cervecita para quien quiera verme.

5 comentarios:

Queen dijo...

Ale, ale, y a mi cuando me invitas??????????????
Cuando quieras puedes pasarte a ver mi nueva morada!!

irenota dijo...

Yo también sigo ofreciendo el servicio de comidas entresemana al lado de tu curro! jejejeje, en el nuevo pepetoki conyugal siempre habemus de todo!!! Muas

Rosa dijo...

Mmmm...qué tortilla, aún pienso en ella!!! Hay que repetirlo más a menudo, eh? La pena es que somos unos invitados un poco viejunos que se quieren ir prontito a dormir ;)

Aprovechando este comentario y viendo el nuevo test que has propuesto sobre la caducidad del amor, quería decir que el Amor no caduca. Cuando se acaba sólo hay 2 posibilidades:
a) no era Amor
b) lo han matado: bien con venenos específicos (rutina, desconfianza, falta de respeto...), bien sustituyéndolo por otro.

Bueno, existe una 3ª opción que es la del Amor que deja de crecer por falta de riego, que no es exactamente lo de matarlo con veneno, sino más bien por inanición.

Es mi opinión, claro, pero está basada en mi experiencia personal y circunstancial, que es bastante.
He dicho. :)

el 22 dijo...

Lisa...

Ese tipo de invitaciones "ad populum", referentes de grandiosa hospitalidad, pueden llegar a causar notorios estragos "cuasi" domésticos... (si abusan y adoptan por la vertiente de la irresponsabilidad) jajajajaja.

(A buen) seguro que la experiencia es gratísima, sobre todo por la compañía (siempre alzada), aunque no cabe olvidar la degustación de la tortilla de patatas (nótese voluntario olvido del bol de patatas fritas y la "cervecilla", hábilmente sustituida, en su caso, por un Rioja que me ofrecería a llevar como sutil invitado).

Respecto de las opciones de (la caducidad del) Amor. No me puedo resistir a comentar esa "tercera vía" a la que alude Rosa, con una mínima variación: quizá el amor puede caducar cuando no crece por falta de rie(s)go...

Abrazos (y rosas).

MEJOR QUE BIEN dijo...

Me siento abrumada por vuestra participación y por vuestros pensamientos compartidos. Casi un año después de empezar a ceder mi tiempo a este espacio de reflexión personal, paranoia y exposición íntima, me alegra comprobar que "mejorquebien" empieza a ser un papel común en el que expresar vuestros puntos de vista. Quiero más. Y que un día "El 22" deje de decir que esto es un egoblog, ¡¡coñe!! jejejejeje

A Queen: gracias por ser la primera. Invitada estás, de verdad!
A Irenota: ¡solecito! un día voy a comer, lo juro. Ah! invitada estás tú también.
A Rosa: Buenoooo, me has convencido con lo de la no caducidad del amor, minipunto para ti!!! Ah! Que tú también estás invitada! Pero, vamos, no tengo que decírtelo ya lo sabes..
A "El 22": (como) no (vas) a (estar) invitado (tú) !!!! Un Rioja me parece perfecto.

Besos a todos!!! Y mil gracias.