lunes, 24 de diciembre de 2007

¿Qué más puedo pedir?

Vuelve, a casa vuelve, por Navidad...Con este cántico me recibieron mis padres en la Estació de Sants... Qué ñoñéz, pero qué grande...Un segundo de ver sus caras y ya sabía lo que estaban pensando. Qué guapa, está más delgada, qué mayor, parece que está más alta...jajajaja. A mi padre se le saltaban las lágrimas y mi madre hablaba excesivamente alto, como si quisiera que todos los presentes supieran que su hija había vuelto a casa...Qué orgullo.

El coche parece enorme, la maleta ya no pesa nada y me permito unas licencias bromiles que arrancan varias carcajadas de camino a casa. Abren la puerta, decorada con unas campanas navideñas como manda la tradición en casa de los Martínez-Piedrafita, y entro silenciosa esperando una reacción única en el interior. Y, de sopte (de repente), un gruñido alegre y una carita tras la puerta, meneo de cola, zapatilla en boca y ruidos varios, una demostración de alegría muy típica de "la Shegui", mi perrita. Saltos, ladridos, paseos por el sofá, alteración y muchos besos y caricias. Inevitable probar si aún siguen funcionando las mismas complicidades. "¿quié quieres Shegui? ¿Quieres un premio? Y sin titubear, se va corriendo a la cocina y marca con la pata el armario de las golosinas. Entonces me derrito y entono un "Pero qué guapa", aderezado con un "Loca de la vida" y acabando por un "Aish! Si es que eres la perrita más lista del mundo...Seguismunda....corre, corre que te doy un premio" Y así...hasta el empalago más absoluto...
Luego cena casera. Tele en familia. Comentarios varios. A la cama.
Hoy, mi padre ha entrado efusivamente en mi habitación. Creo que ya se le había olvidado mi presencia. Busca un par de cosas en el armario (me lo han invadido) y al irse murmuro "Un poquito de porfavor, que aquí hay gente durmieno..." Se ríe y va a comentar la jugada con mi madre "Es que has entrado como un terremoto, pobre cría" rechista. A todo esto entra mi perra al disimulo y se deja caer a mi vera. Suspiramos a la vez, una mezcla de cansancio y alivio. Ya estoy en casa y todo es como siempre. El día ha sido genial. Paseo, carreras y charcos con mi perra, chocolate con churros, confidencias y pocos pelos en la lengua con mis padres. Y visita al yayo....Aish! Qué ser tan extraordinario. Nadie me mira como él. Nadie me quiere como él.

De vuelta a casa. Macarrones gratinados para comer y siesta en el sofá. Jejeje. Me he quedado frita y mi madre, en un afán por seguir sintiéndose mamá, me ha quitado las gafas y me ha acicalado la mantita.

Pero qué bonito está siendo volver al hogar.

Feliz Nochebuena a todos. Prometo más historias y alguna que otra foto. Ummm mañana llega Papá Noel ¿Habré sido buena? El mejor regalo está siendo volver a sonreir de verdad...

1 comentario:

Queen dijo...

Que adorable...
Estoy de acuerdo contigo, cuando volvemos a casa es como si retrocedieramos atrás en el tiempo y perdieramos años, los padres ejercen de padres y nos dejamos querer sin contemplaciones...la vida en Madrid, a veces, es muy complicada.
Feliz Navidad guapa