sábado, 22 de diciembre de 2007

A casa

Quedan poco menos de cuatro horas para partir rumbo a Sant Boi de Llobregat (Barcelona). La alegría es máxima. Ya tengo la maleta hecha (raro en mi, porque suelo dejarlo todo para ultimísima hora) y he adecentado el piso para la vuelta (por fin me he decidio a barrer las pelusas de debajo de la cama).

Me voy con una gran ilusión. Pero lo mejor es que, por primera vez en muchos años, no voy a echar a nadie de menos. Bueno, si, a mi hermano, pero él es parte de mi, así que me lo llevo a todos lados. Quiero decir que en Navidad siempre estuve separada de quien fue mi pareja en un tiempo y durante 5 años, para estas fechas, nunca estaba del todo feliz, puesto que no podía compartir tradiciones familiares con quien, creía, era parte de mi familia.

Esta Navidad va a ser diferente, diría que mejor. Vuelvo a casa con la alegría de saber que las cosas que dejo aquí estarán iguales a mi vuelta. Vuelvo a casa con la serenidad de pensar que me esperan unos días de tranquilidad y arropamiento necesitados y deseados. Vuelvo a casa sin expectativas de hacer nada especial pero sabiendo que cada segundo que pase haciendo nada, será especial. Vuelvo a casa para escuchar los gritos de mi padre frente al televisor viendo el Barça-Madrid. Y para bailar en la cocina con mi madre una de esas canciones que a las dos nos hacen mover el esqueleto. Vuelvo a casa para iluminarme con la sonrisa pícara de mi abuelo y oir de nuevo el "Esther Wiliams què guapa estàs, com sempre" de mi tío. Y, como no, vuelvo a casa para jugar al escondite con "La Shegui", mi golden retriever, mi perrita, con la que suelo hablar por teléfono en momentos de locura familiar.

Qué bien. Vuelvo a casa.

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