miércoles, 5 de septiembre de 2007

Reconciliada con el maestro

Querido poeta de imposibles:

Comienzo esta misiva pidiendo tus disculpas por este tiempo de ausencia. Me perdí. Fue el corazón. Se rompió. Y tu presencia recordaba su ausencia. Te aparté de mí, de mis oídos, de mi alma. No supe ver lo injusta que era.

Pero ahora he vuelto. Has hecho que vuelva a tí. Con tus mensajes de melancolía esperanzadora. Ya no me duelen, me hacen más fuerte y me recuerdan quien soy y quien quiero ser.

Eres pasado, presente y futuro. Sigo recordando cuando te conocí. Creí que por tí no iba a cambiar y ¡mirame ahora! Soy mejor, más fuerte, más auténtica y tú me has acompañado en este camino. Digan lo que digan. Me convencí de que alejandome de tí alejaría también mis fantasmas. Pero nadie merece pagar los platos rotos por otro.

Te envidio porque has sabido tocar mi fibra. Ojalá fuera tan incisiva como tú. Lo intento. Sigo tu estela.

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