jueves, 6 de abril de 2017

Adicciones y cosas raras

Abro tu maleta a escondidas. Y, aunque estoy segura de que estoy sola, me sobrecoge la tensión de que me vayan a pillar en cualquier momento. Miro a los lados con el apuro del que sabe que está a punto de hacer algo, cuanto menos, inquietante. Observo tus cosas, pocas y perfectamente ordenadas y suspiro de emoción, como si aquello fuera un regalo sorpresa y yo tuviera seis años. Me paro un instante en esa sensación. Todo lo que tiene que ver contigo me hace temblar, me fascina y me aterroriza sin coherencia ninguna. Soy una kamikaze cuando estás cerca, me lanzo al abismo ante cualquier señal de "vía libre", es como si me inyectaran adrenalina directamente en el corazón y perdiera totalmente la cordura. Me siento al límite todo el rato, pisando la línea, a punto de caer y darme la hostia de mi vida. Soy muy consciente de ello y, sin embargo, me la juego una y otra vez, como si me diera igual cualquier tipo de consecuencia, como si al final fuera a descubrir, de repente, que puedo volar. Estoy delante de tus cosas y me muerdo el labio, sonrío nerviosa, nunca había hecho esto, nunca. Cojo un jersey, el que está más a la vista, sin remover demasiado para no dejar pistas. Me lo acerco a la cara, cierro los ojos e inspiro. Ese olor hace que mi cabeza de vueltas y la sangre se me vuelva más roja y más líquida y me recorra el cuerpo a tal velocidad que estoy a punto de desmayarme. Siento pinchazos en la piel, como si mis poros se estuvieran dilatando para exudar toda esta alegría contenida que me emborracha. Y sólo es tu jersey. Cuándo me convertí en una psicópata, me pregunto. Pero disfruto de este momento en el que me puede la adicción a tu aroma, ese único, que me trae tantos recuerdos. Enseguida me invade el pudor y lo dejo todo tal y como estaba. Apuro los minutos de soledad recreándome en mi locura transitoria. Te voy a ver en unas horas y me comportaré normal, algo distante y manteniendo la compostura. Tú me mirarás y no sabré si lo haces porque me deseas o porque sabes que estoy loca y hago cosas raras. Espero que sea lo primero.

miércoles, 5 de abril de 2017

No te olvides de mí (ti)

Te recuerdo bajo la lluvia, mirándome fijamente helada frente a aquel escaparate. Te recuerdo tan al limite de emociones que parecía que ya no podías sentir nada. Ardías. Las gotas de agua se evaporaban al contacto con tu cuerpo. Me preguntaba qué había pasado, por qué todo parecía desmoronarse una y otra vez. Cuándo los días se habían convertido en batallas de una guerra estúpida contra ti misma. Por tu sonrisa sarcástica supe que estabas pensando alguna barbaridad, como que nada de lo que hacías tenía ningún valor, que eras mediocre ¿Realmente lo eras? Yo no lo creía. Aunque, está bien, reconoceré que cuando las personas que quieres que te vean, no te ven, la sensación puede ser desesperante. Pero yo te veía, te veo siempre. Eres mi inspiración diaria. Te apoyo, te animo, te empujo cuando no te atreves. Invertiré toda mi fortaleza en levantarte si te caes, las veces que haga falta, aunque dejes caer todo tu peso hacia abajo, haré lo que sea. Si quieres llorar, llora cuanto necesites, aquí estaré para hacerte sonreír después. No me iré a ninguna parte. Te he acompañado y te acompañaré hasta el final. Aunque a veces no quieras verme, estoy ahí, en tu propio reflejo. Soy la parte de ti que nunca se rinde, que sigue golpeando ese muro sin descanso, hasta el día en que se rompa y puedas atravesarlo. No te olvides de mí. No te olvides de ti.

lunes, 3 de abril de 2017

El cuadro

Miro el cuadro que colgaste, el que colgaste para mí, y pienso en lo bonito que es tu amor y en lo traicionera que es mi mente. Estuvo un tiempo aparcado, hasta que un buen día decidimos su ubicación, así, como quien no quiere la cosa, sin importar que hubiera estado esperando varios meses a que nos atreviéramos a dar el paso. No sé si soy yo, que veo metáforas por todas partes, o esto tiene muchos paralelismos con nosotros. Nosotros y nuestra manera de amarnos despacio y rápido y despacio y rápido, olvidando, a veces, todo lo que hemos llegado a esperar. Cuando nuestros caminos se han cruzado, y lo han hecho muchas veces a lo largo del tiempo, nunca hemos sabido dónde colocar al otro en la ecuación y hemos terminado dejándolo a la espera en cualquier sitio, con la esperanza de que el tiempo nos situara a ambos en el lugar que deseábamos. Y deseábamos ir hacia el mismo destino pero lo hacíamos a ritmos diferentes, por caminos separados, con obstáculos que nos aceleraban o nos atrasaban según la ocasión y nunca acorde el uno con el otro. Al final, el cuadro, hoy, está donde queremos que esté, no sabemos si en el futuro deberemos moverlo o lo dejaremos ahí. Lo que yo sé es que ese cuadro, cargado de simbolismo, cargado de mí, de mi creatividad y mi yo sin ti, siempre me recordará lo grande que es nuestra historia y lo llena de cicatrices que está, imperfecciones que le dan las pinceladas de la realidad que necesitamos para seguir creyendo en esto. No somos un cuento de hadas, menos mal. Nunca hemos sido convencionales, es más, diría que primero nos enamoramos y luego nos conocimos y nos enamoramos más. Si el tiempo me ha dado algo, es la capacidad para querernos tal y como somos, totalmente imperfectos, con las debilidades a flor de piel y los tropiezos constantes. Sabes que conmigo nada es fácil. A veces pienso que, tras esa capa de sosiego y sencillez, te encanta complicarte ¿Por qué ibas a elegirme sino? Seguramente en eso nos parezcamos. Y tantas veces te digo que no sé si nos conocemos suficiente, como tantas veces soy capaz de leer tu mente y saber si estás bien o mal, nervioso o totalmente relajado. Te siento sobre y ante todo. Siempre me has transmitido códigos que sólo sé leer yo. Aún en los peores momentos, muy dentro de mí, lo sabía. Pero sigo forzando situaciones para que salga de ti y me recuerdes una y otra vez que estamos colocados de manera correcta en el lugar ideal.

viernes, 31 de marzo de 2017

El amor pasado por sexo

Ojalá amar fuera tan fácil como follar. Debería serlo. Sin dramas, sin ética, sin moral. Sólo piel empapándose de piel, sólo cuerpos desnudos libres de tabúes. Lágrimas de placer y sótanos húmedos. Éxtasis sostenido y gemidos en agudo. Sin complejos y sin complejidad. La vida es sana si el sexo es sano. La vida es mejor si el sexo es bueno. Sonríe, la persona que te dé el mejor sexo será la elegida, te vas a enamorar. Y lo harás porque no hay nada más íntimo y sincero que quitarte la opresión de encima y quedarte sólo con lo esencial. Folla implicando a todas tus tropas, entrégate a todo lo que te da placer, a todo lo que te eleva y te evade. Date por satisfecho y satisface, diviértete y divierte, vuela y haz volar. Esa es la verdadera complicidad. Todo lo que creéis en esos momentos, se extrapolará a tantas otras situaciones que viviréis. Y el abanico que mantendrá el fuego vivo nunca dejará de agitarse.

lunes, 13 de marzo de 2017

Los dos

En ese momento solo éramos tú y yo y las ganas de que nuestros sueños se hicieran realidad. Viniste a despertarme a las siete de la mañana. Aún siendo yo más pequeña, ingenua y fácilmente ilusionable, fuiste tú el que no podía dormir. Me tocaste la cara susurrando mi nombre varias veces hasta que lograste que abriera los ojos. Estabas ahí, mirándome, lo recuerdo perfectamente. Aún veo el brillo en tus ojos y esa sonrisa pícara de cuando levantabas sólo una comisura de tus labios. Entonces mi estómago distribuyó nervios por todo el cuerpo y me activé de repente. Tú te metiste en mi cama y me preguntaste si habrían venido los reyes. Yo te dije que no lo sabía pero que era muy pronto y que estaba mal que despertáramos a nuestros padres. Tú me dijiste que sí, que nos quedáramos en la cama un poco más. Pero no aguantábamos, porque los dos estábamos hechos de la misma madera, nuestra sonrisa mostraba su mejor versión cuando nos ilusionaba algo, y esa mañana todo era sonrisa y ojos abiertos y ganas de despertar a las dos personas más importantes de nuestra vida para descubrir la transformación de todo su amor por nosotros en paquetes debajo de un árbol. Y no eran los regalos, era el ritual familiar y la felicidad y las risas y las alegrías. Los abrazos de agradecimiento, las invitaciones a jugar. Nos encantaba descubrir los misterios detrás de cada envoltorio, éramos así, yo sigo siendo así. Ninguna incógnita se me puede resistir. Y aunque no lo pienso siempre, sigues en mí, en cada cosa que hago y lleva el sello de lo que aprendí de pequeña, cuando estaba contigo. No sólo perderte me ha hecho la persona que soy, también crecer contigo, aprender contigo, compartir cada día de mi vida hasta la adolescencia contigo, me ha hecho la persona que soy hoy. Cuidaste mi niñez siempre, protegiendo mi inocencia hasta el último momento. Te debo muchos de mis valores y te debo querer ser siempre mejor. La vida sin ti es pura contención emocional. Y a veces los muros de la presa que sostiene la intensidad sentimental no pueden con la presión y tienen que dejar fluir parte del contenido. Y esa bocanada llega de golpe, sin previo aviso, destruyendo los diques colocados como último recurso. Las mareas del amor perdido vuelven una y otra vez. Y siempre termino pensando lo mismo, qué pena haberte perdido y qué felicidad haberte conocido.

viernes, 3 de marzo de 2017

Un momento

Te miras en el espejo, con la música a todo volumen y esa actitud de videoclip de los noventa. Seria, desganada y con las ojeras pidiendo a gritos tres meses de siesta por prescripción médica. Te abalanzas hacia la sensación de ser una estrella de la música, con tu ropa interior hecha una bola a modo de micrófono y una guitarra imaginaria. A pesar de tu demacrado aspecto, ese tema se te va metiendo dentro expandiéndose de inmediato como el virus de aquel niño que estornudó a tu lado en el autobús y te tuvo sin voz una semana. Te sabes este tema, lo has puesto un centenar de veces y en cada una te has imaginado el escenario donde tus movimientos sugerentes son el centro de atención. Te vas haciendo grande, de menos a más en pocos segundos. Te tocas el pelo con sensualidad programada, te sabes al dedillo las subidas y bajadas en la melodía, cada vez estás más adentro, y empiezas a sentirte menos desastre. Las ojeras siguen ahí, pero la actitud les hace sombra. Vas a comerte el mundo mientras dure esta melodía en tu cabeza. Estás dentro de esa burbuja que amortiguará todos los latigazos que te haya preparado la vida para hoy. Vas caminando con tanta decisión que imaginas cómo tiembla el suelo bajo tus pies. Todo va de cara, todo va bien. Casi no tienes sueño ya. Bueno, un poco. Pero lo superarás. Hoy lo superarás todo.

martes, 7 de febrero de 2017

Lo prohibido

Aquel día ambos se despertaron con una energía distinta. Los dos sabían perfectamente a qué se debía ese cosquilleo en el estómago, esa falta de concentración, esa imposibilidad de quedarse quietos. Aquel día iban a ocurrir cosas, cosas que los dos intuían, porque no era la primera vez que se lanzaba ese anzuelo al mar, pero no se atrevían a intentar siquiera adivinar. Lo incierto del devenir de los acontecimientos hacía crecer una expectativa tan inevitable como inconveniente. Ella cerraba los ojos y trataba de imaginarse la escena que la vida retorcida habría preparado para ellos aquella noche. Él evitaba pensar, aunque su cuerpo le lanzaba advertencias en forma de espasmos. Ambos se sentían presa de un guión aún por escribir pero del que existían demasiados borradores. Y el día pasó lento y la noche llegó tarde. Tan tarde que ella cambió varias veces su atuendo presa de la ansiedad  y él fumó más cigarrillos de los que acostumbraba. Se encontraron en el mismo contexto que las demás veces, rodeados de desconocidos pretendiendo ser conocidos. No era un mal ambiente para interpretar el papel de superviviente y ocultar las verdades bajo el manto opaco de la cobardía. 


A ella jugar a las marionetas se le daba bien, había aprendido a transmitir serenidad y confianza, a estar radiante. Apenas se le notaba el nerviosismo. Algo que él no podía ocultar de ninguna de las maneras. Su insistente gestualidad y la torpeza que le caracterizaba acentuada para la ocasión, hacían que ella se sintiera vencedora. El premio, la satisfacción de ser quien controlaba la situación, a sabiendas que era todo fachada y autoengaño. Le daba igual. Le bastaba con la sensación de ser capaz de llevarle por donde ella quisiera, sin saber ni ella misma hasta donde quería llegar. Había varias cuestiones que nadie se atrevía a poner encima de la mesas pero planeaban como buitres sobre la escena. Desde fuera eran lo más parecido a dos amigos que no se ven desde hace tiempo y aprovechan la ocasión para ponerse al día. Desde dentro, desde las entrañas, un revuelto de emociones fastidiaba cualquier intento de ser sólo amigos. Y sin querer queriendo estaban tonteando, a su manera, recordando viejos tiempos, pidiéndose perdón por las veces en que no supieron estar a la altura, dejándolo correr y volviendo a ello. El centro de su conversación siempre terminaba siendo su propia historia y, aunque uno u otro tratara de desviar la atención, nada les unía más que hablar de lo que les separaba. Tantas preguntas que nadie hacía y tantas respuestas en forma de teorías lanzadas al aire, que había que atrapar como nubes de vapor que se te escurren entre los dedos. Eran los únicos a los que la misma canción les podía sonar de formas muy distintas en cada reproducción. Ella, insistía en escrutar cada detalle hasta encontrarle la excusa que alimentara la ilusión de que aquella vez fuera distinta. Él trataba por todos los medios de no abrir demasiado las puertas, de no enseñar en exceso, de contener cualquier signo de la emoción vibrante que le recorría el cuerpo con solo mirarla. La lógica les decía que no, que estaban ante el extremo más prohibido de lo prohibido. Pero el deseo frustrado les decía que sí, que adelante con todo, que ahora o nunca, que ya estaba bien. 

La noche seguía y el alcohol puso en escena a las viejas costumbres. Quedarse a solas era un paso que nunca se saltaban. Encontraron un lugar en el que seguir hablando sin la tensión añadida de un entorno cada vez más asfixiante. Ya no se miraban como horas atrás. Se habían abierto los peajes de la autopista que comunicaba las emociones profundas con la mirada, y todo se desbordaba. No había fortaleza suficiente para contrarrestar la ingravidez que suponía siquiera el pensar en la remota posibilidad, casi ficticia, de besarse. Y hubo un punto mágico en que los dos sólo tenían una cosa en mente y estaba muy alejada de valorar las consecuencias de sus actos. Y hubo un precioso instante de tensión pasional por resolver. Y hubo un precioso instante de eterno deseo vuelto ansiedad. Y hubo un precioso instante único e irrepetible en que todo parecía posible, incluso lo más inverosímil, incluso olvidar todo aquello que les separaba. En ese instante el guión no era más que un folio en blanco ante sus ojos y sus dedos escribían sobre la piel del otro las palabras que no se querían decir. Y sus labios escribían en los del otro, los besos que no se habían ganado nunca, pero que les pertenecían para siempre. Y los dos pensaron que eso que les ocurría tenía una definición convencional que no hacía falta consensuar, simplemente estaba ahí y, por lo visto, con o sin corazas, no iba a desaparecer. 

lunes, 6 de febrero de 2017

Adoro lo que me desquicia de ti

Adoro lo que me desquicia de ti. Si me pidieras que te dijera algo bonito, ahora mismo, te diría esto. Porque alteras mi existencia de la forma en que lo hacen los sustos. Y, a los pocos minutos, me tienes durmiendo en tu regazo antes de medianoche con la más pura expresión de serenidad en mi cara. Tienes el poder de los deseos prolongados, de los regalos nunca recibidos, del vino añejo. Te he anhelado y te anhelo. Siempre dibujando una gráfica constante, sin bajos, sin altos, lineal y estable, a pesar de que mis palabras, en ocasiones, trataran de borrarte, de extinguirte, de ahuyentarte. Las huellas son profundas cuando las marca la complicidad. Y el tiempo se convirtió más en tu aliado que en el mío, grabando cincelada a cincelada todas las letras de tu nombre en mi subconsciente. Quizá por eso adoro tus ensayos, tus errores, tu forma de intentar resolver una metedura de pata y empeorarla más aún, adoro que intentes quitarle importancia a lo que sí la tiene, que juegues hasta el límite a ponerme de los nervios, que tenses la cuerda, que le des una vuelta más a la tuerca. Estimulas mi cerebro, me mantienes alerta, me vuelves loca y me haces crecer, como nunca nadie antes me había hecho sentir que lo hacía. Por ti y contigo, he derribado muros y, de un salto, he vuelto a subir al tren que tantas veces antes había visto pasar delante de mis ojos y no parar en mi estación. Por fin estoy en ese tren. Dentro, contigo, todo se ve diferente. El cambio de perspectiva es brutal y no es cosa de la edad, como dicen algunos, es el amor. Todo y nada tiene sentido. Porque nuestra historia, que viene de largo, sólo acaba de empezar.

miércoles, 25 de enero de 2017

El tiempo contigo

Aprovecho el tiempo observando ese lunar que te hace tan atractivo. Ni siquiera me creo aún que me pertenezcan estos instantes de bienestar. Es todo el tiempo en que no estuvimos así el que magnifica estos momentos aparentemente banales permitiéndome recrearme en cada expresión instintiva de tu cara. Sé más de ti que tú, porque te miro y te miro, tratando de aprender de la única asignatura que estudiaría toda la vida. Me he perdido tu sonrisa tantas veces que no puedo hacer otra cosa que beber de ella, inspirando el aire que revuelves con tu movimiento como si de él surgieran las emociones aladas. Y elegiría el superpoder de relentizar el tiempo para evitar la sensación de que siempre es poco contigo.

sábado, 14 de enero de 2017

2555

Cuando te veo de lejos me burbujea el estómago. Te acercas rápido, porque sabes que odio que llegues tarde. Y esa mirada tuya que has perfeccionado con el paso del tiempo, es francamente efectiva cuando quieres quitarle hierro al asunto. Llegas apresurado pero tranquilo, con las estrategias de contención bien definidas y un as bajo la manga. Yo hago que me enfado, porque me gusta alterarte y tú haces que no pasa nada, porque te gusta alterarme. La procesión siempre va por dentro. Ahora lo sé, después de 2555 días analizándote con minuciosa devoción. Eres un entramado de sutiles pistas que recopilo instintivamente. Leerte siempre ha sido un acto complejo y, al mismo tiempo, un reto imposible de pasar por alto. Me ha costado mucho tiempo llegar a conocerte bien y, sin embargo, te conozco desde el día uno. Todas mis palabras son tuyas aunque no hablen de ti. Porque tratando de conocerte mejor a ti, he terminado por conocerme mejor a mí.