Un día, sin querer, dejé de ser niña. Crecí a la fuerza dentro de un cuerpo todavía menudo. Ese día aprendí que esperar no es una opción.
Un día, sin querer, volví a ser una niña. Rejuvenecí dentro de un cuerpo maduro. Y ese día aprendí que lo mejor de la vida es la ilusión.
Un día, sin querer, brillé. Deslumbré a los que estaban a mi alrededor con mi facilidad para inventar historias. Y ese día aprendí que puedo ser extraordinaria.
Un día, sin querer, perdí. Regalé mis tesoros escondidos a quien no supo valorarlos. Y ese día aprendí que estoy por encima de los que dañan con su indiferencia.
Un día, sin querer, fui feliz. Y ese...Ese día no hubiera existido sin todos los demás.
A mis padres, por estar ahí.
Su ejemplo es mi mayor referente.
martes 24 de enero de 2012
Un día
sábado 21 de enero de 2012
La ficción más real
Yo soy la ficción más real que hayas alcanzado jamás. Y aunque siento que nunca exististe de verdad, todavía me quedan recuerdos pésimos de aquel querer mentiroso. Culpo al insomnio y empapelo las paredes con las palabras que un día ovidaré.
¿Te olvidaste de mí? Me olvidé de ti. Y así empezó todo. La vida, la luz, la seguridad. Y me enamoro de mí misma cada vez que doy un paso adelante sin ayuda de nadie. Sin infantiles reacciones de dudosa credibilidad. Sin guiones perfectos sobre el papel pero nunca puestos en práctica ¿Podrías fingir durante más tiempo? Sí. No, gracias. Ahora el mango está de mi lado y ya no me quemo. Ves. Si pudieras verlo sabrías que sigo siendo la ficción más real que jamás lograrás alcanzar.
miércoles 11 de enero de 2012
Mi segunda novela
Hace meses que trabajo en una nueva novela. Todavía no tiene título y, seguramente, va a experimentar cientos de cambios hasta que se acerque a lo que quiero que sea. Pero hoy tengo ganas de compartir un fragmento con vosotros. Supongo que es la única forma que se me ocurre (o la que mejor se me da) de agradeceros que estéis ahí, siguiendo mis andaduras por la vida. A todos, Gracias y Feliz Año.
"(...)Jaime aprovechó el buen hacer de su mejor amigo para salir al balcón a tomar el aire con la excusa de fumar. Hacía buena noche. Estuvo un par de minutos mirando al frente, sin poder recordar el momento en que todo había empezado a desvariar. El resultado de su conformismo le perseguía y comenzaba a hartarse de no dar con algo auténtico, puro, natural. Sacó un cigarro del paquete y justo al ponérselo en la boca alguien heló su acción.
-Hola, disculpa ¿puedo pedirte uno?
Por un segundo, con el "Hola", pensó que era Gloria de nuevo acechándole por la espalda y su mueca de hastío fue instantánea. Pero enseguida se dio cuenta de que aquella voz calida no le resultaba familiar. Se giró con el cigarrillo medio colgando en sus labios y cara de interrogación.
-¿Hola?- le sonrió ella.
-Esto…-dudó Jaime- Hola, perdona… Estaba aquí en mi mundo- miró hacia la calle.
-¿Te puedo robar uno?- sonrió ella dirigiendo sus ojos a la cajetilla de cigarrillos.
-¡Claro!
-Gracias- cogió el cigarro y se lo puso en la boca esperando que Jaime le diera fuego.
-No nos conocemos ¿no?- Jaime le acercó el mechero. Ella prendió el cigarro y dio una larga calada. Expiró el humo girando la cara para alejarlo de él.
-No creo, he venido acompañando a una amiga.
Se quedaron en silencio unos segundos. Ella mirando hacia la calle. Él observando su perfil enmarcado por la oscuridad.
-Así que de acompañante….-sonrió Jaime dándose cuenta al instante de lo absurdo que quedaba repetir lo que ella ya había dicho.
-Sí, se supone que se tenía que encontrar aquí con un tío y me ha traído de red de seguridad, por si la cosa no… ya sabes- encogió los hombros y subió las cejas simulando cara de decepción.
-Entiendo... ¿Y qué? Ya se han encontrado ¿no?
-Sí, sí… Creo que no me necesita- miró hacia adentro y señaló a una pareja besándose en el sofá. Rieron a la vez.
-Al menos parece que algunos se lo pasan bien- suspiró Jaime.
-Pues sí…-ella se apoyó en la barandilla.
-Me llamo Jaime…
-Bonito nombre…-respondió mientras mantenía su vista fijada en la calle.
-Mis padres estaban inspirados, supongo- se rascó la nuca- ¿Los tuyos qué tal andaban de inspiración?
-No demasiado bien…
Y, otra vez, silencio. Jaime empezó a sentirse agitado, un fuerte impulso le presionaba a mantener viva la conversación…
-¿Sabes? Yo tengo una máquina que mide esas cosas. Le dices un nombre y te indica el nivel de inspiración paterna… ¡Es genial!- bromeó él.
-¡Vaya! Te veo a la última- exclamó ella.
-Uno, que tiene sus recursos- movió su cabeza como si le quitara importancia- ¿Entonces? ¿Probamos?
-Mejor otro día… Hoy sólo quiero fumar.
-De acuerdo. Es un buen plan- tragó saliva.
Se quedaron en silencio durante un buen rato. Ella fumaba lentamente, inspirando el humo con delicada paciencia. Él no podía dejar de mirarla de reojo, escrutándola, analizándola. Era misteriosa, seductora, intimidante y, a la vez, sencilla en cada gesto.
-Yo no fumo ¿sabes?- dijo al fin ella.
-¡Ah! Vaya…-se sorprendió él.
-Sí, no soy fumadora, no me gusta en realidad.
-Pues lo disimulas bastante bien…-sonrió tímidamente.
-De vez en cuando me da el punto…Es como dejar de ser tú mismo durante unos minutos ¿sabes? Como ponerte en la piel de otro “yo” que fuma y bebe y hace locuras, no sé.
Jaime se quedó paralizado. Se estaba dejando atrapar por la claridad con la que aquella chica exponía sus pensamientos. La seguridad en su discurso la alejaba extrañamente de la arrogancia y la acercaba al terreno de lo interesante. Mientras él la observaba por enésima vez, ella seguía hablando.
-Éste- dijo alzando el cigarro- es mi elemento de evasión. Me permite huir un rato de la realidad. Fumo, me abstraigo, miro hacia fuera. Son unos minutos de libertad. Pensarás que estoy loca pero es así.
-No, por favor ¿loca dices?- rió él con cierta burla irónica.
-¡Me gusta tu estilo!- ella le dio una palmada en la espalda y le guiñó el ojo.
-No, ahora en serio, te entiendo. Es fácil perderse en la realidad. A veces necesitamos largarnos…
-Sí. Normalmente uso mi cohete, pero me lo dejé en casa.
-¿Tienes un cohete?
-Sí, soy astronauta, tengo un cohete azul en mi azotea- sonrió pícara.
-¿Pero para ser astronauta no hay que trabajar en la NASA o algo?
-Es que soy autónoma…
-¡Ah, claro! Así, sí- asintió con la cabeza intentando estar a la altura de esa surrealista y, a la vez, adictiva conversación - Nunca había conocido a una astronauta. Tengo muchas dudas que quisiera resolver a cerca de este tema como, por ejemplo, ¿a qué sabe la comida de astronauta?
-Bueno, hay cosas que es mejor que se mantengan en secreto- susurró ella- No quisiera meterte en un lío ¿me entiendes no?- sonrió con dulzura exponiendo una ingenuidad que realmente no poseía.
-Sí, claro y se agradece- dijo Jaime mientras terminaba su copa- Por cierto ¿qué bebes?
-¿Yo? Cerveza…
-¿Te parece si voy a buscarte una?
-Genial, pero antes de abandonarme a mi libre albedrío…Dame otro cigarro…- puso cara de buena.
-Toma- le dio el paquete entero- No quisiera que te faltara evasión en mi ausencia.
-Muy amable- sonrió.
Jaime tomó rumbo a la cocina pensando en lo sorprendente de la conversación con aquella desconocida. Y deseó regresar rápidamente para continuar, toda la noche si hacía falta, descubriendo hasta dónde podía llegar la imaginación de ambos. De repente la reunión inapetente se había convertido en un filón de sensaciones positivas. Llegó a su destino embrujado por las palabras de la chica sin nombre. “Astronauta autónoma” pensó, y una leve sonrisa se le escapó de los labios.(...)"
sábado 31 de diciembre de 2011
2011
Hoy, 31 de diciembre de 2011, volvía a casa en el 24 recuperando instantáneas de lo que han sido los últimos 364 días de mi vida. Y, aunque no creo que pasar del 2011 al 2012 suponga un cambio de etapa en sí mismo, reconozco que estas fechas animan a empaquetar el pasado y renovar las esperanzas motivadas por un nuevo comienzo, más ilusorio que real en cualquier caso.
Mi año ha sido largo y corto a la vez. Ha estado lleno de contrastes, como no podía ser de otra forma. Y, viéndolo desde esta perspectiva, se ha convertido en un aula de aprendizaje continuo con evaluaciones bastante severas.
Por orden cronológico los hechos se resumen de esta manera. Inicié 2011 con un maratón de la que sería mi serie predilecta este año: Fringe, dejando patente que si algo atrapa y ejercita mi imaginación mi fidelidad está garantizada. Después, el invierno fue duro, mi autoestima blanda y el colapso más que esperado. La vorágine emocional bloqueó mis ideas y con ello se paralizó el fin de un proyecto vital muy importante: mi primera novela. Mi padre me rescató hábilmente del laberinto de desesperanza en el que daba vueltas sin rumbo intentando controlar todo lo que sucedía alrededor. Él abrió la puerta tras la que se ocultaba el final de La Ruta Hacia Sofía y todo empezó a fluir. Terminé la novela. Culminé un sueño y lloré de felicidad, una y mil veces, al leer lo que había sido capaz de describir en aquellas 180 páginas. Por fin había terminado el merecido homenaje a mi hermano. Él nunca llegó a leer nada escrito por mí, nunca supo de mi pasión, nunca vio iluminarse mi cara al encontrar la fórmula para resolver una historia que se me resistía. Él nunca sabrá que es mi gran inspiración en la vida y que está en todo lo que hago, todo lo que siento, todo lo que soy. Cada año, cada día de mi vida y para siempre.
El fin de La Ruta Hacia Sofía fue como un cataclismo que arrasó con todo. Mi vida emocional se reseteó en un claro intento de reinventarme. Pasó el invierno y empezó la primavera. Con el sol apuntando directamente a mi balcón asumí que estaba sanando mis heridas cuando, en realidad, sólo había colocado una tirita que más o menos hacía un apaño. Y entonces me enamoré. Fue un amor intenso, divertido, extraño en ocasiones, creciendo como un globo dentro de un pequeño recipiente cerrado. Como era de esperar el globo reventó de forma prematura y la valentía del amor dio paso a la cobardía del desamor. Mientras, se terminó el verano y me encontré en un otoño demasiado estival, lo que supuso un imposible olvido alargado hasta la más dolorosa agonía.
Pero llegó el invierno otra vez y ¡sorpresa! la vida vuelve a ser generosa conmigo. Desterrada la desgana y el fruncimiento de ceño, voy paso a paso hacía un nuevo resurgir. Sin prisas, con mucha, mucha calma, por primera vez en mi vida. Saboreando cada abrazo, cada risa, compartiendo sintonía con personas nuevas y personas antiguas, que siempre han estado ahí. Creando entornos de tranquilidad y estabilidad en los que expresarme tal y como soy, sin miedo, sin reservas, sin incomodidades.
Esta noche alzaré mi copa y brindaré por este enorme año repleto de disparidad. Gracias a todas estas experiencias mi vida es cada vez más rica y mis historias cada vez más intensas. Seguiré absorbiendo todo lo que venga, bueno o malo, con la misma pasión, porque no concibo mi paso por el mundo de otra manera.
Gracias 2011.
lunes 19 de diciembre de 2011
Frío
Hoy ha vuelto el frío de verdad, el de poner la calefacción y esconderse bajo la manta. Ha vuelto por fin y con él se ha marchado definitivamente el verano. Un verano que todavía andaba dando coletazos. Todo ha cambiado, el calor ha dado paso a ráfagas de viento y pies helados. Ya no apetece sentarse en el balcón a pasar el rato, nada de cañas en terrazas a media tarde o noches interminables de vino, tortilla-pizza y risas. Estaba ansiosa porque el frío arrasara con todos esos recuerdos y dejara, otra vez, un terreno vacío en el que poder verter nuevas y maravillosas historias que están comenzando a ocurrirme.
Hoy, después de muchos meses, lo único que de verdad me apetece hacer es sonreír y acurrucarme bajo la manta para disfrutar de este momento.
lunes 12 de diciembre de 2011
Soñadora
Yo soy una soñadora, una insaciable consumidora de situaciones increíbles, de personas extraordinarias, de emociones desbordantes. Soy impaciente, no sé esperar a que ocurran las cosas, me cuesta darle tiempo al tiempo y sentarme a ver cómo todo se pone en su lugar. Tampoco creo que exista un único lugar para cada cosa. Es más, pienso que todo está en permanente movimiento y que dentro de la constante evolución de las cosas yo soy una insignificante marioneta dando palos de ciego.
domingo 4 de diciembre de 2011
Domingo
Hoy es domingo. El domingo siempre me ha parecido el fin de una frase construida durante toda la semana. El lunes sería la mayúscula de inicio y el domingo el punto y final. De esta manera, frase a frase, voy construyendo la historia de mi vida. Y, aunque resumir las experiencias de toda una semana en una sola frase podría parecer un acto reduccionista del vivir, me resulta una manera sencilla y práctica de determinar lo que es verdaderamente importante.
sábado 19 de noviembre de 2011
Modelar el hierro
Hace algún tiempo, en un lugar entre mi pasado y mi futuro, me encontré un objeto de hierro. Era un bloque macizo sin forma definida pero con un semblante muy atractivo. Con mis vivencias de la mano deseé que aquello estuviera allí por algún motivo, un motivo más allá de la simple coincidencia. Y esa idea provocó en mí un sentimiento protector nuevo e inquietante. Me llevé el objeto a mi casa, lo limpié, lo coloqué en un lugar donde pudiera admirarlo cada día, a todas horas. Le creé prácticamente un altar donde lo adoraba con devoción. En aquel momento, y como si una fuerza descontrolada me empujara a ello, todo mi mundo empezó a girar a su alrededor.
Pasó un tiempo en el que sentí algo parecido a la plenitud. Hasta que un buen día de apariencia normal, mi corazón dio un vuelco y ese momento de incertidumbre fue aprovechado por mi razón para generar una idea en mi consciencia. Empecé a pensar que, desde mi encuentro con el bloque de hierro, yo no había dejado de evolucionar hacia la entrega absoluta y, mirándolo con la curiosidad y el ansia en los ojos, me dí cuenta de que él seguía siendo lo que era, un bloque inerte. Mi primera reacción fue creer que podría intentar cambiarle. Si yo lo había logrado ¿por qué él no iba a hacer lo mismo por mí? Empecé a acariciarle todos los días, creyendo que la fricción de mi tacto lograría modelarle. Durante un tiempo estuve segura de poder conseguirlo. Incluso a veces lo miraba con atención y creía estar viendo una figura distinta.
Una mañana me desperté e hice lo mismo que llevaba haciendo durante meses, buscarle con mi mirada. Pero ese día no le encontré, ya no estaba. Había desaparecido. Y nunca más volví a verle.
sábado 5 de noviembre de 2011
Cintas de Cassette
En el transcurso de una vida hay muchos objetos que van quedando obsoletos, anticuados. Muchos que, en su momento, nos hicieron vibrar con su excepcional diseño o su particular funcionamiento. Toda una novedad que en años se acaba convirtiendo en parte del recuerdo. Pero, curiosamente, la moda ha dado con la forma de potenciar nuestro consumismo a través de la nostalgia. Es por ello que, cada vez más, se ha implantado la tendencia de recuperar objetos de nuestro pasado, incluso de un pasado anterior, y hacerlos apetecibles, casi imprescindibles.
miércoles 19 de octubre de 2011
Improvisando
Tengo ganas de escribir. Tengo muchas ganas de escribir. Tengo tantas ganas de escribir que no sé ni por donde empezar. Creo que debería pensar antes de ponerme a ello pero ¿sabéis? hoy no me apetece pensar. Hoy me apetece sólo escribir. Escribir sobre el bien y sobre el mal. Sobre las personas que me importan y sobre las que no. Quiero componer un texto fiel a mi sentir pero, a la vez, que no tenga nada que ver conmigo. Quiero disponer de toda mi creatividad en este preciso momento y volcarla en palabras sin sentido que puestas en frases se tornen coherentes. Quiero improvisar y ser espontánea, explicar y delirar, soñar y despertar, dejarme la piel en descubrir todo lo que soy, todo lo que tengo, todo lo que puedo dar. Básicamente hoy sólo quiero improvisar, fluir, dejarme llevar sin control, sin razón, sin esquemas, sin cuestionarlo todo. Eso es lo que me apetece y es lo que voy a hacer.